En casa

Todas las luces se encendían
por cada vez que tomaba tu peso
el hambre de caminarte
ya seas bosque o rocas
si quieres quemarlo todo
hacer florecer heridas
beber de lágrimas de sal
que aprendí a escalar
porque tú eras Reina de los Andes.

Este tiempo que pasé
entre la ventisca y los volcanes
me hizo entender la paz que habita
en la sopas de fideos
y los piñones de mi abuelo
nubes enormes de albahaca
Montserrat de fondo tranquila
yo escribiéndote tela
tú contestándome a los días
ya no hay prisa
os perdí a casi todos.

Siempre estuviste ahí
cogiendo mis manos y una brújula
si te señalo ahora y no te reconozco
tan solo una cosa te prometo;
de la peor de tus cuchillas
al vino amable de tus abrazos,
te adoraré en cualquier vestido
y perfume que lleves en la noche.

Sonríe al tiempo entonces
que voy teñido de cobre
con pájaros cantando a cedros
y campos de lavanda
terminar el carrete con tu cara
terminarte sentada en la mía
hace un sol de puta madre en Barcelona
asfalto sin sombras
ciudad desierto y golondrinas.




Palermo


He estado hablando contigo tanto tiempo,
sin ver tu rostro
sin saber dónde encontrarte
que te convertiste en ideas
y es ahora que te veo en el espejo
que puedo recordar tus cejas
y es ahora, que sé que andas
que puedo imaginar tus pies.

Perdóname,
no era posible de otra forma.

Pienso que existir es la cosa
más hermosa y terrible
por esa mano que te lanza al mundo
tan lleno de incógnitas,
es terrible porque la vida es quién sabe
y de nosotros depende saber esto
y aquello.

Somos vino, tú y yo
y cada una de tus tildes
se vuelve un beso en la mejilla
y si te doy una pizca de Palermo
de la melancolía de este otoño
bañado en crema de pistacho
me perdonarás ahora
pero no era posible de otra forma.

Palermo es hermoso.

Cançó de Setembre


Fer petons a mitjanit
gaudir quan els corbs grallin
escoltant el batec de les ginestes
amb els llavis plens de vi negre
tenint la mort a mà esquerra
i dansar el xiuxiueig d'orenetes
com si el pit s'omplís de ferides
tenint banyades de plomes
i abraçades les costelles.

Manual de vuelo

Si tuviera que cantar
a oídos de morir mañana
si tuviera que dormir
en los perfumes del azufre
si me quedase algo que decir
si de pronto te dejase aquí
incendia lo que puedas
persigue lo que quede
y cuando pregunten diles
que no nací para irme
que no nací para quedarme.








Bus I Aeroporto

La conocí por la noche
como a toda bestia se conoce
y aunque de miradas nacen voces
quedé sin aire en mis costillas
aliento muerto entonces,
aliento broche.

Parecía primavera, (de las largas)
alguien servía prosecco a su vereda
me dijo haber visto en mí amores
—¿Amor? le dije;
— La mayor de las quimeras.


Las olas

Tanto busqué el mar
que no pensé en quemarme
en los soles de la búsqueda
y así enfermé entre olas
y bajé, y correspondí súbito
como si en algún lugar
fuera posible transmutarse
en hasta luego.

...

Háblame de cisnes
que lo que empieza siendo beso
y no incendia el firmamento
termina perteneciendo
a la violencia y la discordia
una caricia mojada en barro seco,
roto y amargo en el abrazo

como unas naranjas en el suelo
o un verano en la Toscana.

Como un aperitivo sin olivas
tanto busqué el mar que
no pensé que quizás
es el recuerdo
el último gran amor que enferma
y que amanece

entre las olas.



Todo

Recogí los últimos brillos
de los labios que me amaron
bajo un cielo donde se inmola
la verdad y la fortuna.

Solo somos, amor
todo aquello que necesitamos.

Prometí por ambos
encontrar el sentido
de revolucionar las plumas
que nacen de lo santo
y ahora que corta la cuchilla
puedo decirte, de verdad, amor
que tan solo somos
todo aquello que necesitamos.

Todo estará bien,
todo cuanto versamos
las piezas de jengibre
cada llama fugaz de mares
lo buscamos, amor
y cuando veas arena
adherida a nuestras manos

todo, recuerda amor
absolutamente todo
lo que ahora somos
es lo que nos necesitamos.

Ecos

Quizás de ser tú y yo
todo aquello que esperábamos
nos perdimos al camino
desde los maullidos lunares
a las rocas de mar carbonizadas
como dos gramos de cisne
derretidos ecos que no vuelven
labios de azar a medianoche
tan perdidos, tan felices.

Inolvidable

Inolvidable como la gracia
que baila sonriendo inocente
entre las cumbres bochornosas
y la fragante decadencia.
Inolvidable como el camino
que se recorre descalzo
sobre los cielos sabáticos
y la vainilla deshecha
en los labios de las flores.
¿Serán inolvidables también
las arrugas en los ojos
y el pan sobre la mesa?
Inolvidable como el después,
como la eterna primavera
del nunca ahora,
del siempre, siempre ayer.



Annapurnas, Otoño 2018

Chocolate

Por aquel entonces salía siempre con algo de chocolate negro envuelto en el bolsillo interior de la chaqueta. Las veces que reflexioné sobre esa acción, determiné que lo refugiaba en mis prendas por una ansiedad ejecutada en segundo plano, una de esas nadas aburridas y con sabor a rancio que rascaban entre las costillas.

Así pues, cuando me rodeaba el exceso pero este se volvía inútil, yo sacaba y partía un trozo de chocolate. Si la cerveza no subía; chocolate. Si la música no convencía; chocolate. Si mis amigos eran imbéciles; chocolate. En una de esas noches, ya ingerido el cacao, se me acercó a hablar una chica. Por lo visto, era la amiga de una amiga que estaba por allí. Definitivamente ella iba peor que yo. Entre la charla se acercó a mis labios y me dijo; —Huele a algo, pero no sé a qué—. Le expliqué sobre mi afición al chocolate y sus ojos se abrieron como planetas. —¿Te queda algo?—, le respondí que no. De pronto rozó su nariz con la mía, me miró directa a los ojos y entreabrió su boca. —Me encanta el chocolate, ¿sabes?—.

Su amiga la cogió del brazo y la apartó de mí. —¡Claudia, relájate! No hace ni dos semanas que tienes pareja!

—¡Joder, pero hará tres que no tengo chocolate!

Ermitaño

Secas las aguas y enfurecidos los labios
poner de rodillas al alma
y penetrarla con las lágrimas
de lo que pensamos que era humanidad

la magia huele a mar y fantasmas
pero cada vez que empodero mis raíces
y fuerzo a mis huesos, y a mis flujos
el tiempo muere conmigo inesperado.

Esta tarde cesarán las lluvias
al son del muerdo de tus pozos
brindo con mi sangre por la brisa
que te trae conmigo, a mi aliento

y deja lo felino y salvaje de tus carnes
y lo sabio de los valles

mandrágora de las horas,
caminabas a mi izquierda con jazmín
musa de arcilla, horno de sombra

...

seré calcio y atardecer
cuando los párpados escapen
un ermitaño sordo sin camino
algo de polvo y musarañas
arrinconado en tu portal.


Jengibre con camomila

Escaramuzas a pleno junio
de hojas mustias que escapan
ardientes sábanas, penumbra pena
mi lengua hoy desconocida al alba.

Perderse al designio de perder
que ya envejecen las flores sus sonrisas
aún vestidas de perlas y mujer.

A la mayor de mis tragedias
encuentra sin temor el agosto que no llega
la versión de mí que mejor decepcione.

―¡Alma de otoño, bazo oscuro y pútrido
de tierra fría y seca!―

A los enfermos de espíritu
¡no arrojéis amores de verano!
halagad sus manos de lirios y amapolas
para invocar paz en las pasiones
y vida en los dorados.