Todas las luces se encendían
por cada vez que tomaba tu peso
el hambre de caminarte
ya seas bosque o rocas
si quieres quemarlo todo
hacer florecer heridas
beber de lágrimas de sal
que aprendí a escalar
porque tú eras Reina de los Andes.
Este tiempo que pasé
entre la ventisca y los volcanes
me hizo entender la paz que habita
en la sopas de fideos
y los piñones de mi abuelo
nubes enormes de albahaca
Montserrat de fondo tranquila
yo escribiéndote tela
tú contestándome a los días
ya no hay prisa
os perdí a casi todos.
Siempre estuviste ahí
cogiendo mis manos y una brújula
si te señalo ahora y no te reconozco
tan solo una cosa te prometo;
de la peor de tus cuchillas
al vino amable de tus abrazos,
te adoraré en cualquier vestido
y perfume que lleves en la noche.
Sonríe al tiempo entonces
que voy teñido de cobre
con pájaros cantando a cedros
y campos de lavanda
terminar el carrete con tu cara
terminarte sentada en la mía
hace un sol de puta madre en Barcelona
asfalto sin sombras
ciudad desierto y golondrinas.