de hojas mustias que escapan
ardientes sábanas, penumbra pena
mi lengua hoy desconocida al alba.
Perderse al designio de perder
que ya envejecen las flores sus sonrisas
aún vestidas de perlas y mujer.
A la mayor de mis tragedias
encuentra sin temor el agosto que no llega
la versión de mí que mejor decepcione.
―¡Alma de otoño, bazo oscuro y pútrido
de tierra fría y seca!―
A los enfermos de espíritu
¡no arrojéis amores de verano!
halagad sus manos de lirios y amapolas
para invocar paz en las pasiones
y vida en los dorados.
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