Aloe

Ah, cuánto suave viento
entre la ventana y las sonrisas
de unos espejos que existían
si solo tú te presenciabas.

Por aquel entonces mi tierra
no era ni tan seca y fría,
húmeda al recital de sábanas
que invocaban las agujas
nacidas del descenso
sobre el pecho acorazado.

He prevenido las aguas y el cambio
y aunque no hubo trato con el tiempo
he aprendido mejor que nadie,
que en vida solo dos amores valen;
y es el cuervo que posa sobre el bazo
y es el porqué de los puñales.

Saturno hizo de mis huesos
algunos tallos de flor amarga
y contase historias de una mujer
que a más belleza más quebrada

como el nombre de un poema
que se esconde al pronunciarse
por respeto a los romances que vendrán
y a los insomnios de sus carnes.

Bajo la brisa que acoja
la incertidumbre de tus sentidos
esperarán mis miedos callados
cuando cruces los andenes
de aquellos trenes que pintaste.

Ya lo sabes,
para cuando caigan las agujas
las palabras sanan
lo que al aloe escuece.

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