La piel erizada

— ¡Qué bonito! Ha sonado muy romántico.

— Soy absurdamente romántico. No conozco de otras cualidades en mi, pero el romanticismo está presente.

— Tienes gato. O el gato te tiene. Es una cualidad.

— ¡Para vos, quizás! Definitivamente, el gato me tiene.

— ¿Vos? Lo que te decía; romanticismo. No el usted, ni el tú. Vos.

— Es gracioso porque, desde el primer minuto que nos conocimos, pensé que aspirabas a detestarme. Si bien no me detestaste al instante.

— Me resultas encantador. Creo que parezco altiva, pero no lo soy en absoluto.

— No sé si altiva es la palabra. A mi me pareciste arrogante.

— Qué zorra.

— No sabía si bien era la actitud que tomabas frente a un desconocido que te llevaba en su coche (que bien respetable sería) o que ya eras así de impertinente.

— Te escupiré en la sopa cuando no mires.

— Te esculpiré en la sopa cuando no mires.

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