Su nombre

Esculpía las estrellas, conquistaba el oxígeno
y cuando mirabas hacia otro lado
posaba sus labios en tu cuello, como la brisa.
Algunos se volvieron locos en el intento,
los he visto gemir de dolor, bailar en el suelo.
Todos lloraban su recuerdo con azules
porque ella solo miraba a los ojos de la nada.

Cuentan que se escondía entre los bosques,
húmedos como sus prendas, ligera en la mañana
y las agujas de su cabello punzaban
hasta el último suspiro del alma
y recogida la astucia y blindado el corazón
alcancé su mano y pregunté su nombre.

Sus labios se abrieron desteñidos,
y entre ramas secas la voz se escucha
apaciguada en un otoño de mi espalda

...

— Abraza mi piel cuando decaigas,
canta a las flores, duerme en mi regazo.

...

Y así lo hice. Desde entonces cuando muero
aunque solo sea unos segundos
mis rodillas se adormecen, y mis hombros
caen sobre las nubes,
y las mejillas reposan sus caudales
y mis labios dicen:

Gaia.

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