Solo cuando los átomos besan la castidad de las lluvias
y la furia del deseo se apacigua con las flores,
nace y acuchilla el hastío del disfrazado.
¿Puede revelar la roca todo aquello destinado a ser,
y que terminó siendo David?
Acaso, ¿es esta humedad que respiro la madre
a la que llamamos Dios?
...
Y de pronto, justo al lado de la puerta
- a la derecha, en la ventana -
una lágrima y un rayo de luz
amanecen por la mano.
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