A menudo era demasiado romántico, y decían de él que volaba entre las aves, dispuesto a encontrarle otro sentido a la lluvia. Demasiado críptico, demasiado misógino, demasiado anhelo, demasiado... Pero a pesar del mar de confusión en el que jugaban sus pensamientos, él sabía de seguro una cosa:
Los mayores tesoros jamás tuvieron mapa.
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