Imagina a un niño solo en su casa, convencido de que nada apasionante va a ocurrir. Sus padres vuelven de hacer la compra, y traen consigo la sorpresa de una pelota nueva para su hijo. El chico sale al patio de la casa y comienza a jugar con el balón de forma tan enérgica que de repente, este se eleva tan alto que cae sobre el tejado quedándose atascado. El niño se queda contemplando la pelota desde el suelo y el tiempo se detiene justo en el instante entre el deseo y la tragedia. Dirige su mirada al cielo esperando un golpe de suerte. Esperando.
Eso es para mí el romanticismo.
Una pasión que no termina de completarte, un deseo que prefieres añorar; algo eterno, sin horizontes. Es amar algo para siempre, para que por siempre sea inalcanzable.
Eso es para mí el romanticismo.
Una pasión que no termina de completarte, un deseo que prefieres añorar; algo eterno, sin horizontes. Es amar algo para siempre, para que por siempre sea inalcanzable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario