¿Qué tendrán las punzadas
envueltas en vestido de mujer,
deseosas por la lúgubre
ventisca de otoñal anochecer?
¿Por qué vuelven las caricias,
cuando viento es gélido
y suenan versos en el pecho
de un fulgor por corromper?
¿Acaso es obra de fortuna
lo que nació por pasajero,
y no se halle clavijero
para volver a florecer?
Cuerdas, que confusas vibráis
malditas y esclavas del placer...
él me contó que le volvió a mirar,
que ella le miraba como ayer.
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