El amante de Tristeza

Ceguera de almas moribundas, de ápices dorados de laurel. Dime con qué lunas bailas esta noche, que en mis dedos pintas acuarelas de ironía y estas huellas son malditas en codicia de un vaivén. Ante los pasos del cortejo, sorprenderá el rugido del ayer; la infestante obra de complejos susodichos, retorcido espanto y esperpento putrefacto del clavel. Quizás son símbolos de historias, y esta noche deja sombra de arboledas sabias por la hiel, o de cantos de fantasmas que recorren tus hoyuelos en un nido de serpientes y preguntas. ¿Quién? El poder hoy es mi bilis, custodiada por azules de demonios sobrevuelan este ser, ingenuo desconocedor de las entrañas de un vacío y una tierra que sentencia mi deber. En lágrimas me ahogo, de lágrimas renaceré.

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