Antes de que el veneno me ahogue, debo huir. La agonía es tan lenta como eterna, y si el reloj sigue respirando no podré mantenerme en pie. No mucho más. Mis muñecas se partirán, y las palabras... saldrán de mis labios como serpientes, directas al cuello ajeno; a la luz más inadvertida. ¡Voces! ¿Qué lenguaje es ese, que mezcla al demonio con el pecho? La cuenta atrás ha comenzado, y si mis piernas fallan y el valor se desvanece... este mundo habrá vencido. Cobraré sentido cuando desaparezca mi canción en vuestro oído; cuando la lluvia impacte contra el cielo, y vuestra mirada sea mares de lamento.
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