Cuento triste de una ausencia

Qué fue la ausencia sino
el miedo tenaz del arrepentido
fugaz etéreo y mal herido
quizás culpable de una esencia

perspicaz de los silencios
predijo; en descuero del sincero,
cuántos malos lobos fracasaron
ante la crónica del exiliado.

Que uno cuando es solo
de libre se ahoga el ciego,
y es cuando la razón no entiende, amor,
bendita la luz, bendito sea el miedo.

A ti espero, mi fugaz,
baila por los campos que yo vea
que lloverá en mis entrañas rotas
las alas de un deseo, amor,
cicuta en el recuerdo
olvido de mis rondas.

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