Chai de atardecer

De las piedras nacen colosales,
perennes de su cobertura
y soleada se asemeja a la verdad;

a ti, oh dulce e hipócrita verdad.

El roble fortuito y penetrante
nos enseña el valor primitivo
que nos envuelve al despertar
y así el silencio se apodera complacido.

Oh, dulce y puta...

Me elevaré, lejos de la protección
de los inciensos milenarios
y sorprenderé con mi llegada
a los Dioses de abalorios
con este extracto de verdad.

De los huesos inhóspitos
que inundan mis entrañas
pintaré un camino de tristezas
allí donde se unen las aguas de Pokhara
y el don dichoso de la claridad.

A ti, dulce, puta e hipócrita;
siempre custodiada e inadvertida.

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