Me pregunto si volverán vacías sus sonrisas cuando el tiempo baile despistado por las grietas. Toda una vida dedicada al espejo y la falacia que llamamos apariencia. ¿Consumió su soledad el solar de sus habitaciones? Y de ser así, ¿cómo recomponemos las sábanas desteñidas del otoño siempre austero?. Ah, miradas destellantes de narcisismo disfrazado; excelsas de elixir, cabellos de lavanda... Cuando llegue la ventisca sentenciosa, los vestidos harán mal y los abalorios pincharán. Sus dedos sostendrán la musa que fue, y yo la miraré envidioso de ignorancia. El cuerpo es, diría, un producto mal envasado que pierde valor en cada segundo vivido.
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