El viento cobrará
rostro de libertad
y los bancos de parques
narrarán romances
premeditadamente
apasionados.
Los versos dejarán
de ser pares y rimar;
comeré menos carne
y me despreocuparé
de pensar dónde
chocarán las olas
del mar.
El jazz se entenderá
y las flores hablarán
para contarnos
que no hubo Dios
ni paz.
Tan solo tierra.
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