Musa de hoja caduca

Posó su mano en mi mejilla
entre las pestañas y lo atónito
dijo que le gustaba lo que escribía
sobre que la vida era un cólico
y que no me preocupase por los óleos
que sus colores me besaban
que cuando el barco naufragase 
vendría a contemplar mis logros 
aunque se secasen sus rizos
me dijo que estaría allí para
para, bueno, no sé 
para abrazar el destrozo


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