La primera cena de empresa
el necio que pagó el vino que otros degustaron
los estudios que te forjaron hacia el triunfo
la historia, el arte y las ideas
los diccionarios del desván
la nunca soledad, la eterna condena
de besar a los amigos, de abrazar a la familia
antes que a tu angustia.
Los cambios, los tantos viajes
el extraño que amanece en las sábanas
el no saber dónde se halla la pared
que sostiene los pilares de este mundo
de mi mundo, que nace en mediodía
justo después de la fruta y antes
de dar el paso en falso hacia el hastío.
Por todo eso, por los jamás cigarros
y el miedo a las motocicletas
por las amantes, por los pechos
incluso por aquel tipo del concierto de rock
las luces que cubrieron el cielo de Chiang Mai,
los dibujos animados que no acabaste
por el adulto, el niño, el siempre desconocido
Mañana será ahora tanto como ayer
el veneno del hacer, el suspiro innato
por las flores que se alzan
no hay victoría, no hay derrota
y así como mis dedos no alcanzan tus cabellos
las llamas no apagan la cascada.
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