verano celeste que se esfuma
como el centeno, que crece a veces
receloso de tu ámbar.
¡Musa!
Saldría triunfal la belleza
de enterrarte con sus flores, yo creo
y que echases raíces —infinitas—
como las ganas de añorarte
y es que aunque no lo creas
guardo cien ojos en las nubes
por si te encuentro,
por si me encuentras,
con lo poco que quede de mí,
del jazmín entre tus manos
nos marchitamos, amor.
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