Si pudiera recortar el cielo
con unas tijeras
y salvaguardar algunos pájaros
como amantes,
pero cortarlo
a fin de cuentas.
Si pudiera calentar mi espalda
en el calor de las estrellas
y saludar
a los planetas con sonrisas
y usarlos de almohada.
Si pudiera enamorarme
— de la brisa —
o estornudar alguna musa,
ensordecer de alguien
que repite mi nombre una
y otra
y otra vez.
De esa forma
envejecer sería lento
y pensaría en la muerte
como un caramelo
ni el sol escocería
lo que el tintero hoy escribe.
...
Dos palomas que danzan
en la hiedra de la mañana,
un gato negro
las plumas vuelan
desordenadas.
Y si pudiera decidir,
si hubiera propósito,
¿cuál de los cinco
yo sería?
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