Todavía la recuerdo de pie, posando su peso sobre una pierna e invocando a la calma y la osadía. Cuando tratabas de fotografiarla se volvía ego y arrogancia, vacío y disparo, como si en cualquier momento pudiera arrebatarte el hálito y transmutarlo en desprecio. Una de sus miradas podía desgarrar tus convicciones, desatar el fulgor más atroz y la fragilidad más incorruptible de uno mismo.
Logré acercarme lo suficiente para ver que para mi sorpresa no era Diosa o monstruo, sino otra ilusa que aspiraba al triste romanticismo que ofrecen las leyendas. En nuestra despedida me faltó valor para besarla, por si quebraba la porcelana y caían sus pétalos en varios pedazos, así que de dos besos en la mejilla me alejé sonriendo con la compasión de quien apagó la llama y despojó la primavera. Dice que le gusta mi perfume y bueno, le he llorado un par de lágrimas para que con suerte las beba y pueda llevarme dentro de ella.
Logré acercarme lo suficiente para ver que para mi sorpresa no era Diosa o monstruo, sino otra ilusa que aspiraba al triste romanticismo que ofrecen las leyendas. En nuestra despedida me faltó valor para besarla, por si quebraba la porcelana y caían sus pétalos en varios pedazos, así que de dos besos en la mejilla me alejé sonriendo con la compasión de quien apagó la llama y despojó la primavera. Dice que le gusta mi perfume y bueno, le he llorado un par de lágrimas para que con suerte las beba y pueda llevarme dentro de ella.
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