temo porque las uvas se sequen como el tiempo
y los perfumes descarrilen con el viento
a la danza mordaz de la guadaña.
Si bien dicen de los románticos
en esencia enojo e hidrofobia, lamento
del destino extranjero que empuñamos
como un faro parpadeante que domina y abrasa
hasta que de ti solo quedan sombras
y el monstruo oculto tras el velo.
Aún si el ahínco existe y no nace,
¿qué papel me otorga el mundo
salvo el abuso y el éxodo?
¿Por qué se ahogan los océanos
cuando cuestionamos el propósito?
De seguir amándome así me haré montaña
y sol para las plantas, y vida para las cuevas.
Saludo al eterno enemigo con una mano
mientras me masturbo con la otra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario