He amado con tanta intensidad que hasta el sexo se desplazaba a las miradas y el sabor de sus flujos se evaporaba en mariposas. Amé tanto que el desnudo implicaba el sacrilegio, que sus defectos transmutaban en bombones de cacao y pétalos de flores. ¡Ojo! Que amé tanto, tantísimo, que lo único que podía hacer cuando cruzaba una calle era alzar tembloroso las manos pensando si quedarían restos de su luz entre mis dedos.
¡Que al final ni quería follar, joder!,
¡que solo quería presenciarla!
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