Voy a cambiar los muebles de sitio
y a torcer algunos espejos
para conjurar un hechizo
que me haga olvidar el nacimiento.
Enterraré en arena esta realidad
y abriré las ventanas al mar
para después quejarme de la humedad
que entra y deteriora la fragua
del frágil despertar que me acompaña.
La porcelana de mis huesos
al tacto bañado de tus bragas,
que hasta me arrancaría las uñas
por dibujar saliva en la semilla
y escocer fulgor en tus entrañas.
El Gato seguirá durmiendo en el sofá
y la lluvia caerá como cuchillas
y mis heridas sangrarán
porqué decidí dejar abierta la ventana.
Al final nada, mi amor.
Déjame una caja para coger los pedazos
del tiempo que todavía nos queda,
y esa asombrosa simplicidad
con la que mordemos la manzana.
...
Nos vemos donde termine el aire.
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