El rastro

¿Alguna vez has amado tanto a alguien como para erradicar su existencia? Es como si alcanzases con tus dedos una hoja seca de invierno y se desfragmentase entre tus manos, haciendo todavía más difícil la heroicidad de sostenerla. Lo peor llega cuando todos esos fragmentos se adhieren al futuro y vuelan, creando un rastro prueba del recuerdo que llega aleatoriamente a mis rodillas con tal glaciar que las piernas bailan de cobardía. Pierdo el equilibrio e hiperventilo, y respiro de más, y suspiro de más. ¿Cómo iba yo a pensar que así como la recuerdo, otros harían lo mismo? Nunca dejarán de recordarme que de verdad ocurrió, que hubo un momento en que quise detener el tiempo y envejecer al ritmo con el que sus cabellos se posaban en mi cara mientras dormíamos.

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