Si me buscas de reojo, me encontrarás
en un bol de cereales con miel,
en los prados sin caminos,
en los sueños de un enfermo,
en las mitades de unas sábanas
que cogieron frío
porqué no estabas en tu lado.
En la verborrea nocturna
de cada sábado en Marina,
y los locales con baldosas
más pegajosas que la nostalgia
de cuando deja de llover.
Podemos tropezar en los trenes
que recorren los valles de occidente,
entre las fuentes y Barcelona,
leyendo un libro de poesía
que todavía no encontré.
Me hallarás entre las cartas
que te escribo por error,
y que a menudo uso egoísta
para sacar lo peor de mí
y aliñarlo con la ensalada
de tristezas que exhalé.
(En las piezas de ajo negro y
en lo más exótico del té)
Me encontrarás en el silencio de las rocas,
en la iniciativa que se agriete,
entre la niebla más espesa
de un otoño que persiste
porqué mi muerte huele a ti.
Si me encuentras, me mirarás con miedo
de elegir el lloro o el abrazo, así
como a mi me temblará el alma
al saber que no eras una musa disfrazada,
sino una mujer que perdí
y cuando agache la cabeza,
con la mitad de mi sonrisa entenderás
que no recuerdo tu perfume
ni reconozco esa fragilidad tuya
que pertenecía a la grandeza,
ni los viajes de bohemia
y las promesas que de tan tímidas
huyeron, como las olas que llegaron
a la costa de nuestros mares
justo antes de romper.
Porqué ya no eres mujer,
ni musa, otoño o fe.
Eres el libro que leía,
el poema que busqué.
No hay comentarios:
Publicar un comentario