Ojalá hubiera sido cierto, que yo te soñé de noche y me escribías el texto más largo conocido. Eran tantísimas las palabras y tan tonta mi inocencia, que no tropecé con la forma de responderte, ni el baúl dónde guardarlas. Así que, de una incisión limpia en mi pecho, quedaron a custodia de un hueco entre mis huesos, donde ahora se descifra de forma lenta y progresiva, el secreto por el cual escuecen tanto. Saboreando el sentimiento de llevarte en mis entrañas. En cinco minutos quizás vuelva a mirar el móvil, no vaya a ser que lo onírico devore la gravedad.
El chisme acaba de vibrar.
El chisme acaba de vibrar.
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