Cálido

Yo lo he hecho así siempre, o bueno... parecido. Quiero decir que me ha sudado la p**** todo, simplemente guardaba en el pecho el instinto de crear una historia, y para no aburrirme, pensaba en imágenes que la proyectasen. Cogía lo esencial de ellas, lo mezclaba todo, y luego lo escribía como si se tratase de un conjuro alquímico o alguna m***** parecida. No tengo ni p*** idea del resultado en términos de calidad literaria, pero lo disfruto. O mejor dicho, lo disfrutaba. Para mi lo realmente importante era que sonase como lírico, que mantuviera un ritmo desconcertante y pegajoso. Siempre he imaginado mis escritos como una pluma levitando a ras del suelo, merodeando entre los susurros y las grietas de la urbe. Su viaje solía terminar en las montañas, junto a la sombra de alguna planta o árbol, uno de esos que no llevan nombre y se muestran indiferentes al desinterés. ¿Vosotros qué creéis? Mi idea es coger todo lo anterior escupido y hacer un p*** homenaje a la melancolía y el dolor,  dejando toda esa historia entre los bares, los bancos y los asientos de metro. Dejarlo en sitios donde esos sentimientos que retuve pudieran sentirse cómodos. Tengo la misma obsesión con Gato; le otorgo unos manjares y una cama dignos de un rey, mientras yo desayuno pizza pre-cocinada y duermo entre alambre de espino. Total, que ahora me siento lleno de amor y fraternidad, y eso es algo que va estrictamente en contra de los ideales de este lugar.

Declaro una ausencia indefinida a la oscuridad que me rodea.

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