Musa

El consuelo es inefable ante la escritura, pues en él se haya desbordado la pasiva del impulso. Y cuando abrimos el cofre y se sostiene en nuestras manos el tesoro, llamado por los siglos Felicidad, es cuando vemos que es en el vacío dejado, donde reside la oportunidad de volver a entregar, con suerte incluso, una pizca de aquel sublime que a todos nos une; el dolor que nada esconde, la estocada del punzante azul.

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