Cartas de pánico; la decisión

En el rocío impaciente nos abduce
y yo formulé confuso una pregunta:

-¿Crees en la energía?
Su cuello asintió con elegancia,
sonrió a medias la prohibida.

Los párpados fueron plomo
y en un último latido de voluntad
me despedí, quizás por siempre:

-Nos veremos pues en otra vida,
¡que tengas suerte!

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