Por primera vez las vendas se sienten menos tensas, y alzo el vuelo como el águila que siempre busca y nunca encuentra. Con el tiempo he comprendido ser inagotable calidez, viendo tus manos recoger la esencia que soñada siempre enerva. Prométeme que si despliego mis alas, podré entonar con voz temblorosa la canción de otras curvas. Ofréceme ahora tu palabra, que ya la mía es traicionera.
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