Desdichada del afecto, la serpiente huyó silenciosa entre las llanuras de la distancia. Disfrazada de ingenuidad y buenas palabras, hipnotizó los restos de un cierzo que ya pasó, y su lengua acarició de rojos sus deseos más ardientes. Pero ya saben que toda serpiente desviste su piel al gusto estacional, y en verano fue corazón y en otoño cualquier puta de otros nortes. ¡Por favor! De toparse con dicha bruja emocional díganle lo siguiente; "Si nos cruzamos, no te vi. Si me escuchas, será el viento. Si me escribes, seré ciego. Si me tocas, seré hielo y rocas". Porqué yo no tuve nombre, y porqué tampoco las serpientes lo tendrán.
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