- ¿El qué?
- Tú, que por tanto tiempo mancillaste la nocturna.
- Fue la necesidad vital, la búsqueda hedonista. Debía conocer esa parte de mí.
- Te conoces bien. Buscabas una máscara; el sencillo, el exceso elegante. Y ahora vienes a mí, buscando la calidez del sol, los mantos de primavera y las camas de cristal.
- Desde hace algún tiempo, me levanto cada fría mañana y cojo un folio. Uno de esos infinitos.
- Continúa.
- Entre el deslizar de mis dedos, creo con esa naturaleza pequeños pájaros. Todos tienen la misma forma y ligereza. Buscan el mismo cielo. Me pregunto si de aprender a volar, podrían llevar mi mensaje entre los susurros de la brisa, entre el polen de todas las flores que revolotean allí donde mis pies parecen firmes.
- Quieres entregar un mensaje de equilibrio.
- Busco que me ayudes a entregar un mensaje hacia el otro lado del mar.
- Las personas buscáis siempre una excusa para estar despiertas, siempre conociendo el rumbo y el lugar, ¡És detestable!
- Explícate.
- ¡Desde el nacer del primer grumo de tierra, he visto como zarpáis de un extremo a otro, observando al compromiso en cada extremo, insatisfechos de decisiones!
- En eso consiste el equilibrio, esa es nuestra perspectiva.
- ¡Te equivocas!
- ¿A qué te refieres?
- Ningún humano cruzó la cara a los designios de la coherencia, ninguno arriesgó su fragilidad por una llama de estabilidad. Os he visto en barcos, en aviones, pasar de un lado a otro, siempre en movimiento.
- Incluso el nómada busca un hogar, sin importar el alcance.
- ¡De nada sirve el alcance si no permites el tiempo! Me imploráis deseos y me obsequiáis con buenas intenciones, y ninguno buscó su isla. Nadie se atreve a saltar en medio del océano, todos le tenéis miedo al vacío existencial. ¡Saltáis de una piedra a otra a pesar de ahogaros y seguís sin poner ningún apoyo en el que pisar hasta el destino! Pecáis de impaciencia, renacéis de las heces que dejó vuestro reloj.
- ¿Es posible que la cobardía forme parte de nuestra naturaleza?
- Prueba a nadar.
- ¿Nadar hacia dónde?
- Hacia la duda.
- ¿Pretendes que avance confuso? La aleatoriedad de las acciones no comprende de circunstancias ni deseos.
- El problema está en comprender. Os negáis a ello, por eso hablas conmigo esperando que ilumine los caminos más floridos y abra las puertas más brillantes.
- Las pistas son cada vez más difusas, siento como la esperanza se vuelve transparente entre las cavernas.
- ...
- Continúa.
- Entre el deslizar de mis dedos, creo con esa naturaleza pequeños pájaros. Todos tienen la misma forma y ligereza. Buscan el mismo cielo. Me pregunto si de aprender a volar, podrían llevar mi mensaje entre los susurros de la brisa, entre el polen de todas las flores que revolotean allí donde mis pies parecen firmes.
- Quieres entregar un mensaje de equilibrio.
- Busco que me ayudes a entregar un mensaje hacia el otro lado del mar.
- Las personas buscáis siempre una excusa para estar despiertas, siempre conociendo el rumbo y el lugar, ¡És detestable!
- Explícate.
- ¡Desde el nacer del primer grumo de tierra, he visto como zarpáis de un extremo a otro, observando al compromiso en cada extremo, insatisfechos de decisiones!
- En eso consiste el equilibrio, esa es nuestra perspectiva.
- ¡Te equivocas!
- ¿A qué te refieres?
- Ningún humano cruzó la cara a los designios de la coherencia, ninguno arriesgó su fragilidad por una llama de estabilidad. Os he visto en barcos, en aviones, pasar de un lado a otro, siempre en movimiento.
- Incluso el nómada busca un hogar, sin importar el alcance.
- ¡De nada sirve el alcance si no permites el tiempo! Me imploráis deseos y me obsequiáis con buenas intenciones, y ninguno buscó su isla. Nadie se atreve a saltar en medio del océano, todos le tenéis miedo al vacío existencial. ¡Saltáis de una piedra a otra a pesar de ahogaros y seguís sin poner ningún apoyo en el que pisar hasta el destino! Pecáis de impaciencia, renacéis de las heces que dejó vuestro reloj.
- ¿Es posible que la cobardía forme parte de nuestra naturaleza?
- Prueba a nadar.
- ¿Nadar hacia dónde?
- Hacia la duda.
- ¿Pretendes que avance confuso? La aleatoriedad de las acciones no comprende de circunstancias ni deseos.
- El problema está en comprender. Os negáis a ello, por eso hablas conmigo esperando que ilumine los caminos más floridos y abra las puertas más brillantes.
- Las pistas son cada vez más difusas, siento como la esperanza se vuelve transparente entre las cavernas.
- ...
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