Estoy mejor desde que me desconozco
y sé que si en algún momento me necesito
puedo preguntarte por el mejor de mis poemas.
Posarás tus manos, suaves, sobre mis ojos
y acercarás cacao amargo a mi boca
como en una de esas mañanas
donde solo amanece para que siga comiéndote
lento por los tobillos, intenso cuando me alzo.
Podemos construir un apartamento en la montaña
amontonar unas ramas y taparlas con hojas
perfumarnos con cestro y encender algunas luces
en las sombras de nuestras pieles.
Se me ocurre de contarnos historias en la noche
acerca de cómo se desmenuzaron nuestras almas
y qué trágicas anécdotas nos abrazaron hasta aquí,
mientras beso tu tristeza.
¿Te apetece nadar? Soy tardo en los océanos.
Lo inmenso del mar siempre arrastra terrible
a la desventura y la devoción, y debe ser por eso
que siempre guardo algún río al que llevarte.
Así que esto debe ser, supongo, todo cuanto ofrezco;
unos versos de madrugada, cuatro flores en tu cabello,
algunas fotos a baja exposición y colores tostados
como el octubre que inunda dorado los bosques.
Pero vaya,
que allí donde sea que haya camino,
tú llévame lejos.
N 42º 09' 17'' / E 02º 30' 59''
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