porque la tengo más cerca de lo que debería.
Entendía algo ligero sobre el amor,
por su extraña afición de adelantarse al destino.
La protegía un cabello color incendio y temblaba
como las manos de alguien que conoce a alguien.
Todas las veces que deletreó libertad
era porque la susurraban algunos libros
que hablaban del mar, y hombres y mujeres
cuyas alas nacían en el pecho,
y en su espalda solo habían cicatrices
de desgarrarse saliendo de la cueva,
emanando ese perfume suyo a subversivo.
Había nacido para la discordia y la melancolía
igual que yo, y que otros muchos condenados
y a pesar de que la bilis latía en su bazo,
era intensa y enérgica en su nostalgia,
como una pluma besada por el viento.
Nos hemos cruzado alguna vez de forma absurda
y el tiempo me dejó robarle abrazos
pero el afecto lo limitan sus recuerdos.
Quizás si su fragilidad fuera de barro
y un corazón cálido la refugiase,
esta se volvería mariposa
y podría vivir por siempre en un armario
donde los vestidos no fueran blancos o negros.
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