Llegué a tocar la oscuridad...
adicto a las manzanas
que el tiempo pudre sin temor,
- el temor - pretencioso mañana.
Todo lo que quise fue besar
el demonio con el que bailaba
y contarle que la verdad se halla
en lo glaciar de las miradas
en la bilis de la arcada,
en los críos sin firmamento,
y las miradas, las que incendian
los cabellos refugiados
en mi almohada.
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