Esclavos de la inercia

¿Qué ocurre con los seres sensibles,
guiados por estrellas,
desconocedores del coherente?

Con aquellos que tiemblan al pensar
que su fulgor tan solo es
las ilusiones de algún otro
que le contagió sus quemaduras.

¿Acaso nadie piensa en esas almas,
maravilladas por lo vivo,
exiliadas de grisácea máquina?

¡A vosotros, esclavos de la inercia!

¿Y qué valor tendrá el maestro de talentos
y el prodigio de lo racional,
o el intelectual con sus libros,

al lado de aquel que tan solo
se dedica a ser, sin más don
que lo fortuito, extraño amante
de la discordia?

¡Oh! Le llaman compasivo,
droga del iluso, amante del cautivo.
¡Estúpido y soñador
acólito de la inercia!

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