El diablo

Desato las quimeras más feroces contra el sublime más efímero; desterrado de mis llaves, ya inalcanzables como la primavera. Nunca sostuve tanta ironía al vendarme entre sus hojas traicioneras, consumiéndome en su mediterránea perfumada de limón que escoció sonriente mi pelaje como si fuego se tratase. ¡Por favor! Posará mi cabeza ya cortada entre tus senos si tan sólo de aprecio hablásemos: si una de las grietas de tus labios me rozase. Darás pasos de ciega y cubriré mi espalda en hecatombe cuando escuches mis gritos impacientes de respuestas, ¡tuya es la culpa! ¿Pero y si fue mía? ¿Y si fuera ancla? Entonces quizás...Tú no fueras una brisa de frescor, ni yo un diablo arropado en viejas mantas.

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